De tiempo acá se ha venido comentando abundantemente en diferentes medios sobre la pederastia y como consecuencia se ha abierto una rendija de luz para la discusión y estudio del tema del celibato sacerdotal obligatorio para los presbíteros de la Iglesia Católica que deciden por una buena causa renunciar al matrimonio y mantenerse célibes.
Con la llegada del Papa Francisco al papado, el tema ha vuelto a revivir y hay bastantes voces de mujeres y hombres que solicitan se estudie y se analice la obligatoriedad del celibato correspondiente a tan importante sector, quienes además de atender su formación espiritual, escuchan como psicólogos los problemas cotidianos que afectan la vida de sus feligreses.
Sin embargo muchos de ellos hacen votos de obediencia a sus superiores, vivir castamente y en la pobreza, particularmente las comunidades religiosas, pero en el ejercicio de su vocación más
de alguna de estas promesas son incumplidas, cuando la capacidad humana
no les basta para sobreponerse a las tentaciones de la carne.
A partir del Concilio Vaticano II, se ha notado una mayor, si se puede decir deserción de sacerdotes al estado laical, unos sin permiso, y otros con la autorización del Papa, más
después de un largo proceso de trámites, en que exponen sus razones
para que se les otorgue la dispensa de votos o la reducción al estado
laico, algunos de ellos logran dicha autorización.
La despensa de sus promesas es otorgada con base en que el celibato no es una ley divina, ni un
dogma, sino una ley eclesiástica que puede modificarse, aunque no es
una costumbre, recordemos que los apóstoles fueron hombres que contaban
con sus esposas, años después y con el fin de entregarse por completo al servicio de Dios, se optó por el celibato de sus ministros.
San Pablo cuando habla sobre el tema, aconsejaba a los maridos, incluidos los ministros y obispos amar a su mujer como Jesús amó a la iglesia y se entregó por ella (Efesios 5:25)
y en otra de sus cartas mantiene que la idea del matrimonio es buena,
pero la del celibato es mejor, sin embargo no establece que sea
obligatorio.
En Mateo 19, cuando Jesús trata de explicarles sobre el divorcio que Moisés permitía, después de una gran enseñanza, les dice que hay eunucos que así nacieron, que hay eunucos hechos por los hombres y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los cielos (12); pero no todos están capacitados para vivir el celibato; ni todos son capaces de entenderlo.
Ante
las voces que se suman, tanto de hombres como de mujeres que se dirigen
al Vaticano, solicitando apertura para dialogar y analizar el tema,
creo que las circunstancias que ahora se presentan por el escándalo de ministros pederastas, problema no exclusivo de este sector, aunque si de los más dañinos, posiblemente sea ventilado y puesto en la agenda del Papa.
Quienes renuncian a sus promesas además del largo proceso a enfrentar afrontan el rechazo de su familia, de sus, feligreses y amigos y no falta la discriminación de algunos de sus hermanos sacerdotes, aunado a ello, el permiso viene acompañado de recomendaciones que convendría igualmente revisar.
jjesusvah@hotmail.com
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