martes, 3 de noviembre de 2015

!Dios ha Muerto!

Dominio Publico
POR XAVIER Garabito Tovar
Decíamos ayer y si no lo decíamos lo pensábamos, que la insolencia de los problemas nos lleva con frecuencia a un error de óptica. Porque parece mentira la verdad nunca se sabe. Si hay algo que hoy caracteriza a la política es que está plagada de paradojas. De un lado, seguimos esperando de ella que apacigüe nuestra ansiedad por controlar los peligros y riesgos que nos afligen mientras que, de otro, observamos lo que aparenta ser impotencia para imponerse sobre los furiosos adversarios políticos. Se observa un doloroso proceso de descomposición. De ahí a la ingobernabilidad.
Somos testigos de un agotamiento del Estado para gobernar. Cada vez los poderes públicos, todos y en todas partes, exhiben su impotencia frente a las fuerzas en verdad soberanas. La política parece no tener ni mapa ni brújula. Sus adversarios, por el contrario, tienen muy claro que en la bruma de la inseguridad, el miedo, el hartazgo, la demagogia embelesa.
Cito de nuevo a Víctor Hugo. En su obra “Los Miserables”, hace una referencia a la siguiente anécdota: Alfonso Karr recibió una carta del director de un hospital donde estaba recluido su amigo Gerard de Nerval. La misiva decía así: “El señor De Nerval está mejor, y es muy probable que esté en camino de curarse; sin embargo, su situación exige muchos cuidados. “Desde hace días tiene un deseo que lo obsesiona: quiere ir a cenar a la casa de usted. Yo lo haría acompañar. Cuide usted que en la comida no haya nada excitante. Sería muy difícil que consintiera en poner agua a su vino, y en todo caso no lo haría sin pensar; tendría usted que preparar, como hacemos aquí, vino mezclado con agua a partes iguales, en botellas separadas y selladas: él no se da cuenta”.
La cena estuvo muy bien pero, unos días más tarde, Víctor Hugo llegó a la casa de Francisco Karr muy de mañana; había recibido del director del hospital una carta igual. Gerard quería imperiosamente ir a cenar a casa de Víctor Hugo: seguían las mismas recomendaciones: “en cuanto al vino, decía el médico, pida consejo al señor Karr, que ha sabido arreglárselas muy bien”.
Gerard llegó el día acordado y su charla fue muy sensata. Sentado a la mesa entre Karr y Hugo, disfrutaron de excelente cena y un prodigioso vino suave. Dieron en hablar de las cosas de la época, del desorden moral de los espíritus. Buscaron las causas y los remedios.
Las causas -dijo Gerard- las conozco, sólo yo las conozco; remedio no lo hay. En cuanto a las causas, aunque no me está permitido comunicarlas a nadie, voy a revelárselas a ustedes, con la condición de que no repitan nada fuera de aquí.
Y añadió, con un aire triste y solemnemente serio, y con el tono de una profunda convicción: -¡Dios ha muerto! Llegó el momento de regresar al hospital. Se despidieron. Gerard les estrechó las manos y dijo: “Se equivocan si creen que he tomado por vino lo que me han hecho beber esta noche”.
Lo malo de escribir es inventar historias. Porque la historia verdadera nadie la creería.
Y a otra cosa mariposa: Mensaje de Oscar Wilde para todos los políticos: resulta desde cualquier punto monstruosa la forma en que la gente va por ahí hoy en día criticándoles a sus espaldas por cosas que son absoluta y completamente ciertas.

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